
Como muchos ya lo habrán leído, hace dos años atrás, por consejo de mi hijo, tomé la decisión de ingresar al que, por aquel entonces, era para mi el mundo desconocido y misterioso de los blogs. Fue así que nació El guardián del faro, alojado en Bitácoras.com, exclusivamente para contar la historia de mi adorado gato, al que llamábamos El Mínimo, que terminó trágicamente envenenado.
En aquel momento yo no tenía la menor idea del berenjenal en el que me estaba metiendo. Tampoco podía llegar a imaginar hasta donde me traería esto. Porque, luego, las cosas fueron cambiando, y ya montado en el burro comencé a enderezar las cargas; aprendí un puñado de cosas y la blogosfera me atrapó, en cierta forma. Así, mi sencillo blog inicial fue evolucionando rápidamente, por caminos y con temas que yo nunca había pensado, hasta que me quedó pequeño e inadecuado para mezclar tantas cosas. Así fue como, hace un año ya, sentí la conveniencia de abrir este otro blog, dedicado solamente a mis amigos animales domésticos.
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Por los motivos que ya referí en el post titulado
Yo estaba sentado en un banco del Parque Juan Carlos Primero, en Madrid, cuando los observé venir. Caminaban con esa tranquilidad que da la edad y la disponibilidad del tiempo. Era evidente que, para ellos dos, llegar sitio alguno no tenía importancia. No me pude resistir y les tomé unas fotos.
Desde Arica, Chile, María Eugenia envía un par de fotos de Isaac, el perro de Daniel, su cuñado. Ella simplemente dice que es un “siberiano”. Por siberiano yo entiendo la raza denominada Husky Siberiano.





