Diciembre 2007 - Entre perros y gatos te veas
Entre perros y gatos te veas

Feliz año 2008

gato vistra a traves de una copaOtro año que finaliza y, para mi satisfacción, ha sido entre perros y gatos. Ya en mi otro blog les he deseado a todos un próspero año y felicidad para el 2008.

Para este año que ya entra habrá un cambio en este blog, que les anunciaré prontamente. Para todos los que son, de verdad, amantes cuidadores de los animales, les deseo que toda su bondad se les retorne multiplicada por cien. ¡Feliz año!

Domando caballos al natural

CaballosRecuerdo que yo tenía quince años cuando un tío nos llevó a los montes del Puerto de San Isidro, en la línea divisoria entre Asturias y León, España. Junto con mi hermano y dos primos pasamos un par de semanas en una cabaña de pastores, en un lugar conocido como La llana de el Fitu, un lugar que es hoy día muy concurrido por las pistas de esquiar. Mientras mi tío se iba a pescar truchas, afición a la que dedicaba todo el día con excelentes resultados, nosotros teníamos todo el tiempo libre. Yo pronto descubrí que a una llanada cercana llegaba una manada de caballos, temprano en la mañana, y se marchaban en la tarde. Y allí los esperaba yo, sentado en medio de la hierba. Al poco, ya los animales me rodeaban y yo jugueteaba con los potrillos, como si fuera uno más.

Había un enorme caballo que me encantaba, y al que quería montar. En un par de días logré que el animal me aceptara encima de su lomo, mientras él pastaba. Yo subía y permanecía sentado sobre él. Estaba yo en eso una tarde cuando la manada se puso en movimiento. Salieron todos al galope corto por aquellos montes, y yo iba cabalgando el hermoso macho, feliz. No tenía silla, ni riendas ni nada, pero no me importaba, porque yo no tenía intención de dirigir al animal; que fuera a donde quisiera, pero conmigo encima.

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Un problema del corazón

zara de gato habanaLa siguiente es la narración que hace la señora Esther García, y que transcribo de un correo electrónico que me envió hace ya un tiempo, después de haber leído mi cuento: “Mucho más que un gato”.

Salí muy de prisa, pues tenía que estar en la editorial a una hora determinada, y amenazaba lluvia. En el trayecto escuché un lamento que parecía un maullido y pronto lo descubrí. En medio de unos desperdicios de basura estaba un perrito, que tendría a lo sumo unas horas de nacido. A toda velocidad, fui a hacer la gestión a la editorial y regresé por el mismo camino, porque sabía que lo encontraría. Pero para sorpresa mía no estaba solo, lo acompañaban dos de su hermanitos. Los tres habían pasado la noche allí, y aún vivían.

Sin pensarlo dos veces los recogí y traje a casa. Los abrigué y les di leche con un gotero. Dejaron de quejarse y se durmieron, pero no recuperaban el calor. Horas más tarde, supe de una perra que había parido en la vecindad, y hablé con la dueña. Me llevé otra sorpresa, pero nada agradable. Los perritos pertenecían a esa perra, pero sus dueños querían deshacerse de ellos. Me costó convencerla para que se los dejara a la madre hasta que se recuperaran, y luego yo los asumiría. Ella aceptó. Pero esta mañana recibí la dolorosa noticia que los tres murieron en la noche.

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