La siguiente es la narración que hace la señora Esther García, y que transcribo de un correo electrónico que me envió hace ya un tiempo, después de haber leído mi cuento: “Mucho más que un gato”.
Salí muy de prisa, pues tenía que estar en la editorial a una hora determinada, y amenazaba lluvia. En el trayecto escuché un lamento que parecía un maullido y pronto lo descubrí. En medio de unos desperdicios de basura estaba un perrito, que tendría a lo sumo unas horas de nacido. A toda velocidad, fui a hacer la gestión a la editorial y regresé por el mismo camino, porque sabía que lo encontraría. Pero para sorpresa mía no estaba solo, lo acompañaban dos de su hermanitos. Los tres habían pasado la noche allí, y aún vivían.
Sin pensarlo dos veces los recogí y traje a casa. Los abrigué y les di leche con un gotero. Dejaron de quejarse y se durmieron, pero no recuperaban el calor. Horas más tarde, supe de una perra que había parido en la vecindad, y hablé con la dueña. Me llevé otra sorpresa, pero nada agradable. Los perritos pertenecían a esa perra, pero sus dueños querían deshacerse de ellos. Me costó convencerla para que se los dejara a la madre hasta que se recuperaran, y luego yo los asumiría. Ella aceptó. Pero esta mañana recibí la dolorosa noticia que los tres murieron en la noche.
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